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Las vacaciones llegaron a su fin.

No me encuentro. No me hallo. Juraría que he mirado bien, me había dejado por aquí antes de vacaciones, y nada. He vuelto a mirar donde se solían guardar meses de abril y unicornios azules, y sólo he encontrado un pútrido septiembre que olía a meado de gato. También he vuelto a ponerme un reloj de pulsera y sólo he conseguido asfixiarme las venas e inesperados ataques de impuntualidad.

06.06.

Sí, ya sé que debería estar delante de los apuntes y no delante de esta mini-pantalla, que tendría que tener un subrayador entre manos y no estas teclas. También sé que es una época de agobios, poco tiempo libre y mucha biblioteca, pero aún así, me gusta sentarme en este rincón donde me encuentro ahora mismo y pensar en cualquier tontería. A veces escribo y otras no, eso creo que va con la confidencialidad o las ganas que tenga de publicar mi intimidad.  Con el tiempo, me gusta releer todo aquello que un día escribí por algún motivo concreto, me reconozco en unos y en otros no, éstos últimos son eliminados, pues si no me hacen revivir el motivo por el que fueron plasmados no son tan buenos como creía o no son importantes, a pesar de que en su día lo fueran. Y después de todo, me voy a ir sin decir aquello que me ha llevado a sentarme enfrente de este portátil, pero ¿qué más da? Si es importante, dentro de un tiempo lo recordaré y si no, lo dicho, este texto será eliminado del bl...

Otro día como hoy no lo soportaría.

Van a tener razón todos aquellos que dicen eso de: " Lo malo nunca viene solo".

Treinta.

Imagen
Me abandoné hace mucho tiempo. Me convertí en mi propio problema, una carga demasiado pesada para sobrellevarla.  Aquella noche conducía sola, sin otra compañía que las luces de los coches que se cruzaban en mi camino. Distraída y embelesada por no sé qué pensamientos, un carnet de conducir de apenas un año de antigüedad y un viejo automóvil que me había llevado hasta la felicidad plena. Yo sola, repito. Algo sucedió. Una idea extraña apareció de la nada. Desentenderme de mí misma. Ya no me hacía falta. No necesitaba nada más de mí, de esa extraña persona en la que me había convertido por aquellos entonces. Supe que había llegado el momento de prescindir y abandonar aquella parte de mí que no me interesaba. Dejarme tirada en una cuneta tal y como muchos seres  insensibles hacen cada verano con sus mascotas. Igualito. La conocida sensación de haberlo logrado me invadió enseguida. Mis paranoias y yo volvíamos a ser las de antes. Nada nuevo, nada que me preocupase. Orgull...

Revolución

He venido sin pensarlo demasiado. Tú ya me conoces y sabrás que, al igual que el resto de mortales, me muevo por impulsos. Los mismos que me llevan a lograr los más gloriosos triunfos, pero también, a cometer los fracasos más estrepitosos. Siempre hay que arriesgar y pienso seguir haciéndolo hasta el final de mis días. Nunca me he sentido inferior o estúpida cuando mis impulsos me han empujado a darme un doloroso batacazo con un gran muro de acero (quizá ese muro era la realidad), o peor aún, cuando me han aconsejado que apostase todo por nada. Para ser sincera del todo: Lo prefiero. Cuestión de principios. Prefiero haberlo intentado. Conocerme un poco mejor y saber que no soy cobarde y que lucho por lo que quiero, por aquello que siento en cada momento, aunque me tropiece con una derrota. Así es la vida. No siempre se gana. No siempre se pierde.

Contra las relaciones sentimentales.

Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Ábreme bien de puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre la luz, que pinten algo los colores, que a este azul se le suba el rojo, que hoy nos vamos a poner moraos. Y hablando de ponerse, vete poniendo cómoda, que estás en tu casa. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más. Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez. El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño para sentirse incómodo ni muy grande como para meter mentiras. Mis recuerdos los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y cansados de merodear por vidas ajenas. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso...

Dcb

Lo lamento. Ya no entiendo nada de lo que haces ni de cuanto hablas. Y en ese mundo en el que dices que estuviste, que yo creo que no existe, nunca pasó nada.