Y lo intento desde aquí, desde el lugar donde se supone que nuestra felicidad debería alcanzar un récord histórico, pero no. Ni siquiera se parece.
El karma nos juega una buena mano de cartas y lo apostado se pierde para siempre.
Es el momento de envolverse entre luces de dudas y sombras de antiguas personas que decidieron irse, pero nos empeñamos, tú por tu parte y yo por la mía en que sigan aquí.
Robándonos las pocas fichas que nos quedan, metiéndose en juegos que nada les va, que nada les viene. Pero si decidimos buscar culpables: no son ellos.
Somos nosotros. Nuestro egoísmo y un no saber cómo jugar las cartas que nos tocan en una mesa de juego que para ambos es nueva.
Perdemos el tiempo.
Demasiado.
martes, 22 de mayo de 2012
Cartas
martes, 15 de mayo de 2012
Texto incompleto
De "futuros inciertos" están llenos mis días y mis noches, de besos a medias y medias historias.
Una manía que me obliga a dejar las latas de refresco a medias, los cajones siempre abiertos o los trabajos a medio hacer. ¡Ah! Y los amores, también, a medio sentir.
El inexplicable placer de querer empezarlo todo y no terminar nada, de decir las cosas a medias y llenar la cabeza de pensamientos inacabados.
Y mejor no entrar en el tema de los sentimientos.
Es un intento más de ser la perfecta definición de las palabras "incompleta", "inconclusa", "imperfecta".
Una salida a los aburridos cuentos que esta vida nos lee. Mi particular forma de no escucharlos, de inventar, de soñar, de leérmelos yo misma, pero sin finales.
Siempre sin finales.
Una manía que me obliga a dejar las latas de refresco a medias, los cajones siempre abiertos o los trabajos a medio hacer. ¡Ah! Y los amores, también, a medio sentir.
El inexplicable placer de querer empezarlo todo y no terminar nada, de decir las cosas a medias y llenar la cabeza de pensamientos inacabados.
Y mejor no entrar en el tema de los sentimientos.
Es un intento más de ser la perfecta definición de las palabras "incompleta", "inconclusa", "imperfecta".
Una salida a los aburridos cuentos que esta vida nos lee. Mi particular forma de no escucharlos, de inventar, de soñar, de leérmelos yo misma, pero sin finales.
Siempre sin finales.
martes, 1 de mayo de 2012
Dejarse llevar
Cuando vives sin hacerte preguntas, tu vida la conducen las respuestas ajenas.
Renuncias a tu propio aire, despliegas tus velas a brisas, ventoleras y huracanes de otros y pierdes tu propio rumbo. Y al final descubres que vas hacia donde ellos te quieren llevar.
Hacerse preguntas sin temer y sin temores el despegue de la libertad y el gran vuelo del intelecto. ¿Por qué precisamente este hombre o esta mujer? ¿Por qué llevar este concreto estilo de vida sabiendo que hay otros posibles? ¿Por qué estas rutinas? ¿Por qué tantos amigos tan poco amigables? ¿Y por qué tan poco amigo realmente amigo? ¿Por qué esta bandera? ¿Por qué una bandera? ¿Por qué este dios? ¿Por qué aquel adiós? ¿Por qué esta lucha? ¿Por qué tanta ansiedad? ¿Por qué tanta necesidad?
Alguna que otra vez, cuando llega la noche y las urgencias oscurecen, no hay nada más enriquecedor que ser espeleólogo de uno mismo: desconectarse de la caja tonta para tratar de iluminar esa maravillosa, profunda y sorprendente caja negra que es nuestro cerebro.
Allí estás, tú esperándote a ti. Frente a frente ante un espejo excepcional, el único capaz de reflejar tu propia imagen en todas sus dimensiones y relieves. Sólo eres realmente libre cuando has encontrado las respuestas a tus grandes porqués y puedes vivir de forma consecuente con ellos. Porque la libertad es la luz que te permite sentirte y ser tú mismo mientras respetas a los demás.
A.Becerra
Renuncias a tu propio aire, despliegas tus velas a brisas, ventoleras y huracanes de otros y pierdes tu propio rumbo. Y al final descubres que vas hacia donde ellos te quieren llevar.
Hacerse preguntas sin temer y sin temores el despegue de la libertad y el gran vuelo del intelecto. ¿Por qué precisamente este hombre o esta mujer? ¿Por qué llevar este concreto estilo de vida sabiendo que hay otros posibles? ¿Por qué estas rutinas? ¿Por qué tantos amigos tan poco amigables? ¿Y por qué tan poco amigo realmente amigo? ¿Por qué esta bandera? ¿Por qué una bandera? ¿Por qué este dios? ¿Por qué aquel adiós? ¿Por qué esta lucha? ¿Por qué tanta ansiedad? ¿Por qué tanta necesidad?
Alguna que otra vez, cuando llega la noche y las urgencias oscurecen, no hay nada más enriquecedor que ser espeleólogo de uno mismo: desconectarse de la caja tonta para tratar de iluminar esa maravillosa, profunda y sorprendente caja negra que es nuestro cerebro.
Allí estás, tú esperándote a ti. Frente a frente ante un espejo excepcional, el único capaz de reflejar tu propia imagen en todas sus dimensiones y relieves. Sólo eres realmente libre cuando has encontrado las respuestas a tus grandes porqués y puedes vivir de forma consecuente con ellos. Porque la libertad es la luz que te permite sentirte y ser tú mismo mientras respetas a los demás.
A.Becerra
lunes, 26 de marzo de 2012
Primavera
Una tarde de lluvia y nostalgia volveré por aquellos mundos en los que un espejo te reflejaba timidamente representando dos cosas: limitación y alas para un sueño.
Sé que será primavera y las historias crecerán antes que las flores.
El mundo que te cuento permanecerá ausente, como siempre, esperando un algo de nada.
(...)
Y no, no puedo volver. Ni me dejan, ni quiero.
La inspiración nunca me vino en chupitos de vodka-felicidad y esta resaca de anoche es muy fuerte como para ignorarla.
He pedido que me devuelvan mi tedio gris, eclipsado, ahora, por un azul intenso que maldice mis letras. Pero parece ser que al destino no le apetece devolverme algo que hasta hace poco era mi mayor tesoro secreto.
Es ahora cuando me obligo a coleccionar sensaciones extravagantes para poder romperlas, como quien destroza vidas, y volver a pasear por esos mundos que solía describir.
Y será una tarde de lluvia y nostalgia.
Sé que será primavera y las historias crecerán antes que las flores.
El mundo que te cuento permanecerá ausente, como siempre, esperando un algo de nada.
(...)
Y no, no puedo volver. Ni me dejan, ni quiero.
La inspiración nunca me vino en chupitos de vodka-felicidad y esta resaca de anoche es muy fuerte como para ignorarla.
He pedido que me devuelvan mi tedio gris, eclipsado, ahora, por un azul intenso que maldice mis letras. Pero parece ser que al destino no le apetece devolverme algo que hasta hace poco era mi mayor tesoro secreto.
Es ahora cuando me obligo a coleccionar sensaciones extravagantes para poder romperlas, como quien destroza vidas, y volver a pasear por esos mundos que solía describir.
Y será una tarde de lluvia y nostalgia.
martes, 27 de septiembre de 2011
Un punto límite
He visto muchos acantilados de cristal que incitan a dejar de sentir pánico para comprobar en primera persona el magnífico efecto de la gravedad. Y cuando digo "muchos" son muchos. Tal es así que me considero una experta en esta materia aunque no me guste presumir de ello.
La sensación es siempre la misma y lo único que varía es el paisaje, también la altura.
Entre todo, se conoce la existencia de un punto límite. Una vez llegados a este punto ya todo deja de tener sentido y nos adentramos en un surrealismo acaramelado que se debe morder despacito para evitar daños mayores. Es necesario tener en cuenta que desde este límite no hay posibilidad de dar marcha atrás, pero no importa porque siempre llegará alguien dispuesto a darnos una patadita en el culo para que no se nos olvide. Las inseguridades, ambigüedades y dobles sentidos vienen servidos en una bandeja de plata. Las dudas sin embargo vuelven en forma de una botella de ron barata. Y obviamente, acabo bebiéndomelas, emborrachándome de ellas. Por ahora no he encontrado mejor solución para dejar todo atrás y dar el paso definitivo que consiste en saltar. Sí, un salto al vacío.
No piensen que se trata de un suicidio, no, no.
La altura puede ser máxima pero siempre hay almohadones donde caer. Cuidadosamente colocados y extremadamente mullidos para que el batacazo sea lo menos doloroso posible. No hay demasiado riesgo pero, es imposible dejarse caer sin pensarlo dos veces. La incertidumbre llega en el último momento y te sujeta con cadenas de hierro para que no lo hagas, para que no te tires al vacío.
Es aquí donde mis ganas intervienen para romper esas cadenas, para poder liberarme y continuar con el propósito primero, aunque siendo sincera, sí que me ha frenado en numerosos intentos, me ha hecho pensar más de lo que tocaba en esa ocasión.
Pero bueno, siempre he acabado cayendo, tal y como exige la gravedad. Y sí, estoy muy orgullosa de ello.
Me voy. Me dejo caer. Caigo.
La sensación es siempre la misma y lo único que varía es el paisaje, también la altura.
Entre todo, se conoce la existencia de un punto límite. Una vez llegados a este punto ya todo deja de tener sentido y nos adentramos en un surrealismo acaramelado que se debe morder despacito para evitar daños mayores. Es necesario tener en cuenta que desde este límite no hay posibilidad de dar marcha atrás, pero no importa porque siempre llegará alguien dispuesto a darnos una patadita en el culo para que no se nos olvide. Las inseguridades, ambigüedades y dobles sentidos vienen servidos en una bandeja de plata. Las dudas sin embargo vuelven en forma de una botella de ron barata. Y obviamente, acabo bebiéndomelas, emborrachándome de ellas. Por ahora no he encontrado mejor solución para dejar todo atrás y dar el paso definitivo que consiste en saltar. Sí, un salto al vacío.
No piensen que se trata de un suicidio, no, no.
La altura puede ser máxima pero siempre hay almohadones donde caer. Cuidadosamente colocados y extremadamente mullidos para que el batacazo sea lo menos doloroso posible. No hay demasiado riesgo pero, es imposible dejarse caer sin pensarlo dos veces. La incertidumbre llega en el último momento y te sujeta con cadenas de hierro para que no lo hagas, para que no te tires al vacío.
Es aquí donde mis ganas intervienen para romper esas cadenas, para poder liberarme y continuar con el propósito primero, aunque siendo sincera, sí que me ha frenado en numerosos intentos, me ha hecho pensar más de lo que tocaba en esa ocasión.
Pero bueno, siempre he acabado cayendo, tal y como exige la gravedad. Y sí, estoy muy orgullosa de ello.
Me voy. Me dejo caer. Caigo.
sábado, 24 de septiembre de 2011
No queremos querer y queremos.
Esta noche me expresaré en boca de otra persona.
Otras palabras que no son las mías me dejarán desnuda ante todos vosotros, sin pudores, sin morbosidad ni excitaciones.
Yo ya no puedo.
Tú me llamas, amor.
Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.
Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.
Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.
Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.
Luis García Montero.
Otras palabras que no son las mías me dejarán desnuda ante todos vosotros, sin pudores, sin morbosidad ni excitaciones.
Yo ya no puedo.
Tú me llamas, amor.
Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.
Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.
Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.
Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.
Luis García Montero.
martes, 20 de septiembre de 2011
Sinuoso
Después de recorrer el camino que me ha llevado a los rincones más dolorosos de alguna que otra etapa, creo que, debo adentrarme en los suburbios de un mundo coetáneo, esa realidad paralela de la que tanto suelo hablar.
Es más, creo que ya lo he conseguido. Una vez más.
Antes que nada, es mi deber dejar claro que donde me encuentro en estos momentos no existen las reglas, no hay esquemas ni guiones, tampoco razonamientos absurdos ni travesías que tienen su punto final en una muerte de las que no matan. Los problemas carecen de noción y los miedos existen aún menos.
Es como un envase hermético que fue cerrado por alguien a traición. Pillándose los dedos.
Su capacidad se reduce a media fracción de la persona más insignificante, pero tú puedes pasar. Siempre fuiste excepción, sin confirmar ninguna regla pero excepción. Y una vez dentro, me consta que has estado ya, haces temblar toda superficie, todos los "nadas" y todos los "nuncas".
Te recomiendo que no busques porque no encontrarás absolutamente nada, pero, a la vez te ruego que no dejes de buscar en este laberinto que nos vuelve dementes.
Sólo desde este falso universo salgo a flote en un mar que tampoco existe. Normalmente me dejo llevar por la corriente y termino en el paraje inicial. Como si todas las vías existentes llevaran al mismo puerto.
Aquí el azul me lo inyectan en vena a través de un gotero, desde principio a fin. Permanente.
En el ecuador te encontrarás un vacío de abrazos, besos y alguna que otra caricia. Sin embargo, el sur es toda mi felicidad mezclada con algo del pasado reciente, un lugar cálido y altamente recomendable para ir de vacaciones mentales. Ojo, no se acepta demasiado equipaje.
...
Sin quererlo, sin pensarlo.
Lo he hecho.
He salido de esa espiral.
He salido de esa espiral.
Al contrario de las demás: es sumamente fácil salir y demasiado difícil entrar
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