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¡Sorpresa!

Llueve de forma metafórica, ya me entendéis. Yo me entiendo.

Dicen que el martes volverá a llover

Me gusta la lluvia.  Curiosamente debo agradecerle al temporal de esta semana que haya descubierto la faceta más hipócrita de mí. ¡Cuánta falsedad encontramos en uno mismo! Después de contar con una media de 25 quejas al minuto sobre el mal tiempo durante el día de hoy, ahora y sin venir a cuento, comienzo este pequeño fragmento con una afirmación tan sencilla como verdadera: "me gusta la lluvia"  Me he pillado en mi propia mentira. No he logrado engañarme a mí misma. Entonces, ¿cómo pretendéis que sepa engañar al resto del mundo? Imposible. Me gusta la lluvia porque me hace sentir viva. Como tú.

Microrrelato nº1

' ¿En qué se convierte un amor platónico una vez que se ha conseguido? ' era la pregunta que llevaba ocupando la mente de Lis a tiempo completo los últimos cuatro días. Y es que todo había pasado demasiado deprisa, sin lugar a dudas había sido un golpe de suerte caído sin saber muy bien de dónde. No era más que una cuestión estúpida, de las que se sabía la respuesta mucho antes de llegar a preguntárselo. Ella era, posiblemente, la persona a la que más le gustaba por aquellos tiempos idealizar un romance. Buscar una pasión, un motivo por el que ser feliz e infeliz. Una historia. Y, esta vez, Lis contaba con todos los elementos necesarios para crearla: un cálido verano, una noche de alcohol y situaciones que se acabaron dando solas, un amor platónico que había pasado por su cama y unas ganas de aceptar todo lo que viniese prometiéndose a sí misma no quejarse de nada ni esperar nada que no pudieran darle. Es curiosa la forma en la que hay almas que viajan por mundos difere...

Pedacitos

Imagen
'Y entonces me descubrí mirándome. Allí estaba yo justo en frente del espejo donde siempre te imaginaba. Tus formas tenían el sentido perfecto, el compás lo marcaba el aire que pasaba por la ventana y hacía mover las cortinas. Como parte de un plan astutamente preparado, te imaginaba siempre con la cantidad justa de luz, la suficiente como para que yo, cual directora de fotografía, pudiese componer el resto. Me descubrí mirándome y puse el empeño suficiente para descubrirme al detalle. Durante unos minutos centré toda mi atención en mis ojos, pequeños y de tonos marrones, y fue entonces cuando por primera vez te descubrí en mí. Allí estabas tú, en cada movimiento y en cada parpadeo. Sorprendida, decidí continuar con la 'auto-exploración' y en cada uno de los pasajes de mi cuerpo pude descubrirte, en algunos más escondido que en otros, pero en casi todos estabas presente. ¿Por qué estaba sucediendo? ¿Por qué tú y yo prácticamente formábamos un sólo elemento en mí? ...

Cartas

Y lo intento desde aquí, desde el lugar donde se supone que nuestra felicidad debería alcanzar un récord histórico, pero no. Ni siquiera se parece. El karma nos juega una buena mano de cartas y lo apostado se pierde para siempre.  Es el momento de envolverse entre luces de dudas y sombras de antiguas personas que decidieron irse, pero nos empeñamos, tú por tu parte y yo por la mía en que sigan aquí. Robándonos las pocas fichas que nos quedan, metiéndose en juegos que nada les va, que nada les viene. Pero si decidimos buscar culpables: no son ellos. Somos nosotros. Nuestro egoísmo y un no saber cómo jugar las cartas que nos tocan en una mesa de juego que para ambos es nueva.

Texto incompleto

De "futuros inciertos" están llenos mis días y mis noches, de besos a medias y medias historias. Una manía que me obliga a dejar las latas de refresco a medias, los cajones siempre abiertos o  los trabajos a medio hacer. ¡Ah! Y los amores, también, a medio sentir. El inexplicable placer de querer empezarlo todo y no terminar nada, de decir las cosas a medias  y llenar la cabeza de pensamientos inacabados.  Y mejor no entrar en el tema de los sentimientos. Es un intento más de ser la perfecta definición de las palabras "incompleta", "inconclusa", "imperfecta". Una salida a los aburridos cuentos que esta vida nos lee. Mi particular forma de no escucharlos, de inventar, de soñar, de leérmelos yo misma, pero sin finales. Siempre sin finales.

Dejarse llevar

Cuando vives sin hacerte preguntas, tu vida la conducen las respuestas ajenas. Renuncias a tu propio aire, despliegas tus velas a brisas, ventoleras y huracanes de otros y pierdes tu propio rumbo. Y al final descubres que vas hacia donde ellos te quieren llevar. Hacerse preguntas sin temer y sin temores el despegue de la libertad y el gran vuelo del intelecto. ¿Por qué precisamente este hombre o esta mujer? ¿Por qué llevar este concreto estilo de vida sabiendo que hay otros posibles? ¿Por qué estas rutinas? ¿Por qué tantos amigos tan poco amigables? ¿Y por qué tan poco amigo realmente amigo? ¿Por qué esta bandera? ¿Por qué una bandera? ¿Por qué este dios? ¿Por qué aquel adiós? ¿Por qué esta lucha? ¿Por qué tanta ansiedad? ¿Por qué tanta necesidad? Alguna que otra vez, cuando llega la noche y las urgencias oscurecen, no hay nada más enriquecedor que ser espeleólogo de uno mismo: desconectarse de la caja tonta para tratar de iluminar esa maravillosa, profunda y sorprendente caja negra qu...