Hoy que sí hace frío, no tengo a la persona que me deja acurrucarme, a modo de pieza de tetris, en el sofá de la siesta. Hoy, la duermo sola porque ha llegado -un poquito- el invierno y la nostalgia.
He visto muchos acantilados de cristal que incitan a dejar de sentir pánico para comprobar en primera persona el magnífico efecto de la gravedad. Y cuando digo "muchos" son muchos. Tal es así que me considero una experta en esta materia aunque no me guste presumir de ello. La sensación es siempre la misma y lo único que varía es el paisaje, también la altura. Entre todo, se conoce la existencia de un punto límite. Una vez llegados a este punto ya todo deja de tener sentido y nos adentramos en un surrealismo acaramelado que se debe morder despacito para evitar daños mayores. Es necesario tener en cuenta que desde este límite no hay posibilidad de dar marcha atrás, pero no importa porque siempre llegará alguien dispuesto a darnos una patadita en el culo para que no se nos olvide. Las inseguridades, ambigüedades y dobles sentidos vienen servidos en una bandeja de plata. Las dudas sin embargo vuelven en forma de una botella de ron barata. Y obviamente, acabo bebiéndomelas, ...
Como un bosque intervenido por compañía americana se me agotan los recursos y no sé sustentar flora ni fauna, me completo pues la pirámide y me depredo, intento terminar el proceso económico de mi sector servicios y resulto la misma realidad empobrecida de mí misma, oh cuánto mejor no resultaría invertir en el extranjero entonces te elijo a ti, pero tú prefieres la inversión segura de lo real por la letra a plazos de lo imposible. María Eloy-García.
"Si el problema no tiene solución ¿por qué preocuparse?, y si la tiene ¿por qué preocuparse?" Desconozco el nombre de su autor. Para ser sincera, hace tiempo que esta frase se quedó guardada en el disco duro de mi memoria, pero sólo ella, ni autores, ni aquella sabia persona que la pronunció o aquel maravilloso libro donde la leí. No, no lo recuerdo. Da igual. Yo sólo quería decir con esto que los problemas no existen o al menos por sí mismos. Las personas somos seres bastante complejos y parece que la simplicidad nos aburre, por lo que siempre tendemos a complicar todo aquello que nos rodea, con lo que convivimos: lo que vivimos. Nuestra mente se aburre y juega a inventárselos. Menuda forma de jodernos la existencia. ESTOY RODEADA DE PROBLEMAS QUE YO MISMA HE INVENTADO. ¿No os parece guay? Buenas noches señores, empiezo a desvariar.
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