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Ser domingo

Queda un mapa de carretera sobradamente conocido. Una ciudad del recuerdo que nos une y separa a la vez. Queda ser domingo.

Zona Roja

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- Debes comprenderle; lo que le ilusiona es investigar, estudiar, escribir... - Perder el tiempo, vamos. Zona Roja Fernando Vizcaíno Casas

Deseos (In)confesables

Era jueves y yo acababa de llegar a casa en uno de esos días nada gratificantes.  Medianoche. Una ducha, un café y seguir dándole vueltas al enfoque de un artículo que se me había atravesado fue lo que hice. Quizás me estaba exigiendo demasiado, quizás no.  Aislada, quemada, frustrada me encontraba. Atrapada en una burbuja de 'no-inspiración' propia de toda persona que se provoca a sí misma. Fue entonces cuando vi sus dos llamadas perdidas. Sonreí. Sentí, repentinamente, la distancia golpeándome más fuerte que nunca. Fueron los días que habían pasado desde el último encuentro, las horas de viaje y los kilómetros entre las dos ciudades los que me habían dado una gran hostia en nombre de una distancia espacio-temporal difícil de soportar. Y en un momento de liberación, o posiblemente de anhelo de sinceridad, me decidí a abrir el correo y le escribí un e-mail confesando que le necesitaba, que tenía ganas de él. De hacerlo con él o que me lo hiciese. L...

No es el tiempo lo que pierdo

No es el tiempo lo que me dedico a perder ahora, entre otras cosas, porque no lo tengo. Tampoco pierdo las viejas costumbres y me resulta muy angustioso intentar compatibilizarlo. Se me escapan momentos, olvido cómo describir situaciones y los sentimientos parecen enterrados. Pero no. Llega un momento en el que te pones a escribir algo demasiado surrealista como para entenderlo tú misma. Algo que tienes que borrar por no entender cómo has podido enlazar tanta incongruencia junta, tantas ideas absurdas encadenadas. Dejarse llevar, sin parar de escribir, sin ser consciente, o siéndolo mucho de todo lo que nuestro subconsciente quiere sacar a la luz. Porque no hay forma más bella de liberalizar el pensamiento, los deseos, las pasiones ocultas, las cosas que no debemos guardar. Porque somos a la misma vez gente muy privativa de la vida íntima mezclado con la extrema dependencia de expresar en cada momento aquello que nos pasa. Por eso siempre lo suelo recomendar. Por ello, este texto ...

Treinta. Más 1.

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He visto correr a los minutos y, también, a los días volar a un destino mejor: el recuerdo.  ¡Enero fuera!  

Antídoto para un domingo cualquiera

La sensación viene a ser la misma que la que invade al solitario viajero anónimo que pasa a diario por la misma estación de tren en su regreso a casa. Las primeras dos veces observa, yo diría que con detenimiento, cada detalle de la imagen que se refleja a través del cristal y consigue sorprenderse por la originalidad de la estampa.  La tercera y sucesivas, ni siquiera levanta la mirada del suplemento publicitario que tiene entre sus manos, y ya se sabe que todos odiamos los malditos anuncios -tan engañosos ellos-. No queda alternativa: le resulta tan familiar esa estación ferroviaria, con sus idas y venidas de trenes puntuales, que ha dejado de interesarle lo que pasa en ella.  Pues eso, es domingo.

Cambios de invierno

Un corte de pelo. Quitarle la leche al café de cada mañana. Coca-Cola por Pepsi. Gafas nuevas. Dejar de fumar. Pedir sacarina en vez de azúcar. Incluir una barra de labios roja en el bolso, porque el marrón ahora es aburrido. Sustituir los libros de poesía de cada noche por una interesante novela. Reír. Escapar de coger el metro o el bus: andar sin destino. Dejar el paraguas en casa con el único motivo de sentir la lluvia mojándome la cara. Revivir. Pequeños cambios rutinarios, necesarios. Cambios que pasan desapercibidos pero que, sin embargo, oxigenan mi asfixiado día a día. Cambios que me oxigenan a mí.