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Llegando sin querer

Irrumpe con fuerza rompiendo ventanales y colándose a través de ellos.  Se instala con lo justo. Esta vez ha llegado sin apenas darme cuenta y sin ni siquiera haberlo esperado demasiado. Nada más llegar me ha obligado a meter en cajas los momentos vividos, según dice, así será más fácil llevarlos conmigo. Las aspiraciones, nuevos retos e ilusiones me recomienda tenerlas en una libreta siempre a mano. Así hago. Evoca al pasado, promete superarlo.  Trae ambiciosos proyectos bajo el brazo, amistad y amor en su maleta. Ha prometido ser libertad y encargarse de todas esas cosas y/o personas que no aportan nada más que colores oscuros. A él le gusta el azul. También el amarillo, el rosa, el naranja, el gris y el verde. Colores que se traducen en mar, sol, toallas mojadas, periódicos, cervezas y el más esperado punto de encuentro. En esta ocasión ha sabido mezclar sensaciones dispares como el sabor agridulce de las despedidas, la incertidumbre inherente a todo inici...

Doble campo de batalla

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Q uizás sea por la similitud del temario o quizás la nostalgia de añorar un tiempo que no volverá, pero recuerdo ahora aquellas noches de tercero en las que era imposible concentrarse delante de los apuntes de Hª del Periodismo Universal. Noches en las que las latas de Burns y los fluorescentes invadían la mesa como si de un campo de batalla se tratase. Y sí, ciertamente lo era: una lucha por mantener dos minutos la atención en el primer párrafo, pero también una lucha para llegar a conquistar todo lo que, a día de hoy, podemos decir orgullosos que hemos conquistado. Añoraré esas noches por dos motivos , uno es el fin de una etapa universitaria y el otro, ya se lo imaginarán ustedes, es seguir escribiéndome notitas mientras estudiaba con esa persona que tanto aporta en mi vida.  Pero eso sí, él sigue subrayando mi día a día de azul.

Cámara narrador

Lo he intentado muchas veces, pero no puedo dejar de observar a las personas que pasan por mi lado cada día. Suelo elegir a una de ellas, o a varias, al azar y centro mi atención en el personaje anónimo que representa en esta ida y venida que caracteriza a la calle y su mañana. Imagino sus vidas a través de las pistas que, ellas sin saberlo, me proporcionan con sus ojos, sonrisas, sus gestos o, incluso sus silencios. Esta vez, ante mí una pareja. Ella es rubia, cabello rizado y bien peinado. Por su forma de vestir, parece una persona que huye de las formalidades cotidianas y él, en cambio, viste de traje. Pienso en lo curioso que es detenerse a observar cómo ambos mueven acaloradamente las manos, una fuerte discusión, parece como si nunca llegaran a entenderse.  Desde aquí, desde la ventana, es fácil imaginar uno de los cientos de problemas de los que pueden estar guerreando: una traición, una deuda, un desacuerdo. No obstante, no se observa vínculo afectivo entre ambos...

Ser domingo

Queda un mapa de carretera sobradamente conocido. Una ciudad del recuerdo que nos une y separa a la vez. Queda ser domingo.

Zona Roja

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- Debes comprenderle; lo que le ilusiona es investigar, estudiar, escribir... - Perder el tiempo, vamos. Zona Roja Fernando Vizcaíno Casas

Deseos (In)confesables

Era jueves y yo acababa de llegar a casa en uno de esos días nada gratificantes.  Medianoche. Una ducha, un café y seguir dándole vueltas al enfoque de un artículo que se me había atravesado fue lo que hice. Quizás me estaba exigiendo demasiado, quizás no.  Aislada, quemada, frustrada me encontraba. Atrapada en una burbuja de 'no-inspiración' propia de toda persona que se provoca a sí misma. Fue entonces cuando vi sus dos llamadas perdidas. Sonreí. Sentí, repentinamente, la distancia golpeándome más fuerte que nunca. Fueron los días que habían pasado desde el último encuentro, las horas de viaje y los kilómetros entre las dos ciudades los que me habían dado una gran hostia en nombre de una distancia espacio-temporal difícil de soportar. Y en un momento de liberación, o posiblemente de anhelo de sinceridad, me decidí a abrir el correo y le escribí un e-mail confesando que le necesitaba, que tenía ganas de él. De hacerlo con él o que me lo hiciese. L...

No es el tiempo lo que pierdo

No es el tiempo lo que me dedico a perder ahora, entre otras cosas, porque no lo tengo. Tampoco pierdo las viejas costumbres y me resulta muy angustioso intentar compatibilizarlo. Se me escapan momentos, olvido cómo describir situaciones y los sentimientos parecen enterrados. Pero no. Llega un momento en el que te pones a escribir algo demasiado surrealista como para entenderlo tú misma. Algo que tienes que borrar por no entender cómo has podido enlazar tanta incongruencia junta, tantas ideas absurdas encadenadas. Dejarse llevar, sin parar de escribir, sin ser consciente, o siéndolo mucho de todo lo que nuestro subconsciente quiere sacar a la luz. Porque no hay forma más bella de liberalizar el pensamiento, los deseos, las pasiones ocultas, las cosas que no debemos guardar. Porque somos a la misma vez gente muy privativa de la vida íntima mezclado con la extrema dependencia de expresar en cada momento aquello que nos pasa. Por eso siempre lo suelo recomendar. Por ello, este texto ...